Powers: Para siempre

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Brian Michael Bendis y Michael Avon Oeming unen sus fuerzas, o la unieron allá por el año 2000, para que ahora podamos disfrutar de los resultados en nuestro país -con algunos años de retraso- de una de las series más frescas de superhéores que podemos encontrar dentro del mainstream. El tomo que nos ocupa, dentro del sello –muy acertado- de 100% Cult, recoge los números de la serie que van desde 31 al 37 y que se publicaron a lo largo del año 2003.

La originalidad –hasta cierto punto-, la inventiva, el estilo gráfico alejado de los cánones comerciales o su trama destinada a un lector adulto, aleja a Powers del mainstream, y a pesar de entrar dentro del género súper-heroico, no ostenta las peculiaridades que la harían una serie superventas, por eso decíamos que tratar esta obra como un cómic de culto era muy acertado por parte de la editorial Panini. También es cierto que todas estas características, convertidas en virtudes, son las causantes de que Powers se pierda entre tanto bestseller y pase más desapercibido ante el comprador habitual de títulos DC y Marvel, y es toda una pena que un aficionado al género de superhéroes se incline por otro título solo por el hecho de que Powers no ha logrado convertirse en una franquicia.

Michael Avon Oeming se declina por un estilo cartoon con influencias -reconocidas por él mismo- de Alex Toth con una narración gráfica adecuada apoyada en un color que cambia su tonalidad dependiendo de la época -de las diferentes que aparecen- por la que va transcurriendo la historia.

Powers: Para siempre, nos relata desde los albores de la vida, de la llegada de individuos extraordinarios, capaces de desarrollar aptitudes que desafían las leyes físicas, hasta nuestros días. Cómo estos seres –denomínense mutantes- han logrado sobrevivir entre el resto de la humanidad sin destacar, en parte porque hacer usos de sus facultades hubiera contribuido a justificar una caza de brujas, y nunca mejor aplicado el termino “bruja”.

Powers, interior

Esta sinopsis también hubiera podido servir como una alegoría dedicada a tantos otros nombres, destacados en las ciencias, medicina o astrofísica que vieron segadas sus facultades a lo largos de los siglos por imposición de una mayoría iletrada que prefería llevarlos a la hoguera o condenarlos al ostracismo o a la mudez, al dar más importancia a supersticiones aparentes que solo servían para alimentar el odio hacia aquel que no se subyugaba a un orden establecido construido sobre un analfabetismo.

Bendis se atreve comenzar su historia en el amanecer del hombre, recreando un argumento sin diálogos que hubo de sorprender a más de uno, que al descubrir las primeras páginas –todas las del número 31- en vez de seguir las hazañas de tipos en mallas y con capas, se encontraron con las aventuras de unos monos con el único objeto de competir por copular más que el prójimo.

Powers, interior

No hace falta decir que este comienzo dio mucho que hablar en su día, Bendis recibió una gran cantidad de mensajes de aficionados que hacían burlas eróticas de las páginas que habían leído. Una apuesta peligrosa de su guionista que no solo se jugaba la continuidad de la serie Powers, sino también su puesto de trabajo o las críticas de sectores más reaccionarios.

Bendis reconoce que su intención siempre fue la de homenajear el comienzo de la película 2001. Una Odisea espacial, dándole indicaciones a Oeming para que lograra captar el mismo ambiente de la película. Desde mi punto de vista, además de las influencias estéticas y simbólicas de la película, argumentalmente recuerda mucho a otro film, En busca del fuego (Jean-Jacques Annaud,1981) sobre todo la primera vez que Bendis muestra la copulación, o mejor entendida como violación, del macho sobre la hembra.

Powers, interior

Este volumen recoge, como apéndices, el guión completo de este número en concreto, acompañado de bocetos, para que nadie se quede con la duda sobre lo que deseaba contar sus autores.

La historia seguirá desarrollándose a lo largo de las siguientes eras como la de bronce, o en diferentes cilivizaciones como la de China. Seguiremos a su protagonista Christian Walker -el gran superhéroe Diamante- , un inmortal condenado a ver morir por vejez a sus diferentes parejas sentimentales. Emprenderá una lucha por encontrar a seres como él, los cuales finalmente se unirán formando los grupos de héroes que protegerán al mundo.

También creo que Bendis se deja influir por otra gran obra, hoy día ya considera clásica, La nave de un millón de años, escrita por Poul Anderson, y que fue finalista al Premio Hugo en 1989. El argumento de Anderson es exactamente igual al de Bendis, seguimos la vida de unos individuos inmortales a largo de diferentes eras y cilivizaciones, en la búsqueda de gente como ellos para formar sus propios grupos. Al igual que en Powers, la gran cantidad de años que tienen a su espalda les hace olvidar sus verdaderos orígenes, perdiéndose en la memoria sucesos cotidianos como recordad donde nacieron o quienes fueron sus amigos o enemigos. Y siguiendo con las coincidencias, los personajes de Anderson sufren en sus propias carnes la ignorancia ajena que los trata como demonios, brujos o incluso dioses.

Powers, interior

Toda obra de superhéroes que se aprecie no le debe faltar un antagonista que este a la misma altura que el protagonista, ya saben el dicho, los superhéroes son aburridos y previsibles, solo por la calidad del villano se medirá nuestro héroes. En el caso de Powers el rol cae sobre otro de los individuos con facultades fuera de la explicación física, que al igual que pasa con el héroe le iremos siguiendo a lo largo de lo siglos.

Al contrario que Diamente/Walker, el súper villano irá creyendo las supercherías que ha oído a lo largo de su vida, creyéndose un Dios demoníaco que debe combatir al hombre. Con el paso de los siglos olvidara quien es, cual es su misión y porque debe matar a Diamante, él mismos se perderá hasta desconocer cual es su rol en la vida. Al cotrario de Diamante/Walker que logrará encontrar su lugar en la vida.

Powers, interior

No estamos ante una obra que marcara la historia del mainstream como antaño hicieron Watchem, Ruleta rusa, El señor de la noche o Camelot 3000 entre otras tantas. Pero si es una bocanada de aire fresco en tanto hiperrealismo efectista de tipos en maya que lo único que saben hacer es dar saltos y pegar patadas, desapareciendo la reflexión de sus páginas.

Nos hubiera gustado que la edición fuera tratada dentro del sello Deluxe, pero los cánones son los cánones, y Powers lo tiene muy difícil hacerse un hueco en ese sello, destinado solo a las superventas de la última década. Debemos conformarnos en una elaboración rústica que después de una primera lectura deja el lomo deteriorado.

El volumen, además del guión mencionado más arriba, viene acompñado de una galería de bocetos e ilustraciones, y sobre todo unas reseñas biográficas de los autores.

Título: Powers: Para siempre
Autores: Bendis / Oeming
Editorial: Panini cómics
Sello: 100% Cult Cómics
Elaboración: Rústica con solapas
Páginas: 272, color
PVP: 25.00
Fotos: derechos panini marvel

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