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Último trabajo, publicado por la editorial Astiberri, del noruego –afincado en Francia- Jason. Editorial que ha editado el mayor grosor de la obra de Jason y tiene pensado continuar con la labor, aunque El carro de hierro corresponde a un título elaborado por el autor hace ya nueve años.
Jason adapta la novela homónima de Stein Riverton (1884-1933), obra que en Noruega es todo un clásico de la literatura policíaca, pero que en nuestro país se encuentra inédita, título que nunca ha sido traducido.
Sin poder valorar si es una buena o mala adaptación –por razones obvias- nos centramos solamente en el guión de Jasón, conjeturando que el autor posiblemente no haya podido captar toda la esencia de la novela, por el poco espacio del que dispone –solo 70 páginas- y por la poca profundización que he hecho en los personajes. Lo que significa que la opinión –bueno o mala- que ofrezco no puede ser extrapolada a la obra literaria original.

¿Es bueno el hombre? es el título de la primera historia de ciencia ficción que elaboró Moebius, publicada en el número 744 de Pilote en el año 1974. También es el nombre de un álbum que recopila las mejores historias cortas del autor, que fueron publicadas, además de Pilote, en Métal Hurlant y Les Humanoïdes Asocies.
Entre ellas, una de las mayores obras maestras que haya dado el cómic, The Long Tomorrow –1976, Metal Hurlant-, historia que elaboro junto al guionista Dan’ O Bannon y que tanta influencia tuvo en los futuros dibujantes y en el medio cinematográfico, películas como Blade Runner y El quinto elemento asentaron sus bases estéticas en este relato.
Las historias que encontraremos en el álbum, además de las dos mencionadas, son las siguientes: Doble evasión (1980, Métal Hurlant), Ciudadela Ciega (1980, Métal Hurlant), Balada (1977, Les Humanoïdes Asocies) y El universo es muy pequeño (1976, Métal Hurlant).

A comienzos de los 80 el director editorial de Marvel Jim Shooter creo el sello Epic Comics, para publicar títulos destinados a un lector más adulto, publicando historias qué Marvel no se hubiera atrevido a publicar en otras condiciones. En 1988, en este sello, nació Terror inc., pero este personaje como tantos otros que nacieron en Epic Comics naufragaron con la consiguiente desaparición de esa línea editorial.
A comienzos del presente siglo, es otro editor, Joe Quesada, quien crea el sello Max Comics, línea semejante a la creada por Shooter, y en el 2007 recuperó Terror inc.
Debo repetir y lo haré hasta la saciedad, que la diferencia entre un cómic infantil y otro adulto está en el contenido que se trata, pero una historia no deja de tener un contenido infantil solo por el caso de que aparezca un desnudo o las vísceras de un personaje, en ese caso estaríamos hablando de un cómic de “contenido infantil no apto para menores”.
De la misma forma el estilo gráfico tampoco debe marcar si un cómic es infantil o adulto, un ejemplo practico lo tenemos en Powers, con un estilo cartoon –infantil- pero con un contenido adulto. Aplicar un gráfico hiperrealista no hace madurar al cómic.
Tras el estreno de Star Wars, allá por 1977, George Lucas no podía dejar de lado, dentro de una de las campañas promocionales mejores de la historia del cine, el universo del cómic. Ni corto ni perezoso tiró a lo grande y solo consintió entregar los derechos de sus películas a la editorial más poderosa del momento, Marvel. De esta forma nació la serie regular Star Wars, una obra maestra del cómic y el género de la ciencia ficción, que tuvo una andadura que comenzó en 1977 y que llego hasta 1987. Serie regular que Planeta DeAgostini ha recuperado para publicarla en 7 lujosos volúmenes –a falta de editarse el número 7-.
Marvel UK que publicaba historias autóctonas en Gran Bretaña se sumo a la fiebre y decidió sacar su propia publicación Star Wars a comienzos de 1980. Entre los autores que pasaron estaba Alan Moore, cuando estaba inmerso en el Capitán Britania y Miracleman. Para el dibujo contó con John Stokes en cuatro ocasiones, Alan Davis en dos y Adolfo Buylla en una.
El tomo recopilado –ya nos hubiera gustado que se recuperara la serie al completo- tiene una calidad de dibujo y guión muy aceptable, pero no tenemos más remedio que comparar con la serie “madre”, y en esa confrontación tiene mucho que perder.

El proverbio, “la avaricia rompe el saco”, simplificaría lo que ocurrió con el Clandestine de Alan Davis. Marvel quiso apropiarse del grupo prescindiendo de su creador y el resultado ya lo conocen.
Pero vayamos por partes. Excalibur había significado para Alan Davis la prueba de la alta calidad que podía dar el dibujante, su impresionante dibujo, dominio de la figura y dinámica narrativa así lo patentaba. E incluso dio muestras de su independencia cuando también se hizo cargo de los guiones.
Alan Davis estaba preparado de sobra para llevar a Marvel una obra autóctona y la editorial transigió, fue entonces en el año de 1994 cuando el autor mostró Clandestine, un grupo de mutantes, pero nada afines a los acostumbrados en el Universo Marvel.
Clandestine no quiere salvar al mundo de ningún villano, ni luchar por la causa mutante, no pretenden ser héroes, tampoco estar al lado de la justicia, ni mucho menos quebrar las leyes. Son una familia, seres unidos por la sangre, con la pretensión de vivir tranquilos, sin molestar ni que les molesten.
Los hermanos del Clan Destine –destino- viven cada uno su vida, algunos lo hacen en Barcelona, otros en Londres y vete a saber por donde pueden andar el resto. No todos comparten los mismos intereses, Kay –apodada el Cuco- utiliza su facultades psíquicas para crear un imperio financiero, no recela ante el engaño si ello le beneficia, es fría, calculadora y vengativa, mata con la facilidad de chasquear los dedos y carece de remordimiento.

Powers se ha convertido en la única serie contemporánea –y no olvidemos que nos llega con un retraso de cinco años- del género superheroico que brilla con luz propia en el mercado. Powers, es el mejor trabajo de Brian Michael Bendis; al menos así lo reconoce el propio autor, y Mike Avon Oeming ha sido capaz de alejarse de los “gustos” pasajeros que corroen hoy día el estilo gráfico en la mayoría de historietas de tipos con capas y mallas que saltan por los tejados, con la única razón de dar patadas y escupir algún chiste gracioso. El estilo cartoon y la línea gruesa influida por Alex Toth no han sido una limitación para narrar historias adultas, serias y duras.
Se recopila un nuevo arco argumental denominando Psicópata, y se enmarca dentro del sello Cult Comics, algo incomprensible. La comercialidad de Powers es patente, no le falta ninguno de los elementos que hacen de Powers una obra asequible al gran publico; lo más sensato hubiera sido enmarcarla en una colección denominada “Cómics de Autor”, pero dejamos los tecnicismos a Panini que saben mejor que yo cómo vender un cómic.
En este arco argumental hay un giro más extremo hacia el género negro, quedando más relegado el de superhéroes, pero siempre dentro de un Universo donde humanos, mutantes y superhéroes conviven bajo una legislación que prohíbe ecuánimemente el uso de los poderes -algo que ya vimos en el post dedicado a Powers: Leyendas- y que influiría en otra gran serie, pero esta vez de DC, denominada Gotham City.

Volumen que recopila una selección de la obra del humorista gráfioco argentino Corne –Santiago Cornejo-. Chistes gráficos que se publican para diversos diarios y revistas de distintos países como Estados Unidos, Alemania, Suiza, China, Austria, Italia o Colombia. Y también en publicaciones mensuales como las revistas MAD, Cracked o Nebelspater.
Gags que en la mayoría de los casos no necesitan de diálogos y que ya han sido recopilados en otros volumenes anteriores: uno dedicado a sus gags en China, y otros tantos a otros países.
El ilustrador –también responsable de ilustrar más de 30 libros infantiles- se le ha concedido más de treinta premios, destacando el Gran Premio Internacionales Scacchiera en Marostica –Italia 2007-, y el premio conseguido en el Concurso Universitario de Humor Piracicaba Brasil por dos veces -1999 y 2000-. Otros tantos paises como Cuba, Bélgica, Eslovenia, Colombian, Corea O Israel también han premiado al autor.

Sofía y el negro es el tercer número de la serie “graphic journal”, colección que combina el estilo gráfico con el periodismo de denuncia, recogiendo historias capaces de retratar lugares, sentimientos, o problemas sociales. Con Braccacio se mostro al lector la influencia de la mafia siciliana en la juventud; con Los hijos de octubre se hizo un retrato de la Rusia post comunista; Y con Sofía y el negro, Judith Vanistendael nos trae un tema candente, la problemática de los refugiados políticos en Bélgica, su lucha por conseguir un permiso y no ser deportados a un país de origen que los encarcelará, torturaran y ejecutaran.
Obra autobriográfica de la autora que cuenta la historia de Sofía, una joven que contrae matrimonio con Abú, un refugiado político togales que le rechazan su petición de asilo, y que mediante el matrimonio logra su estancia en Bélgica.
Sofía es ingenua, honesta, afable y bondadosa que tras realizar sus prácticas en un centro de refugiados -lugar donde los mantiene retenidos a la espera de que el gobierno les dé o no visado- conoce a Abú, después de entablar una relación amistosa con él decide casarse para impedir que sea deportado. Sofía deberá de enfrentarse a su entorno social y familiar que no estará por la labor de permitírselo.

La primera mini serie de Astro City fue un éxito que encumbro a la fama como guionista a Kurt Busiek, al menos dentro del contexto mainstream, y agrandó aún más la popularidad que Alex Ross ya había conseguido con Marvel; y no debemos olvidar al tercer responsable del nacimiento de esta ciudad, Brent Eric Anderson.
Una segunda mini serie pedían a gritos los lectores que deseaban la frescura que había traído Astro City, y por supuesto los editores que deseaban, con más fuerza si cabe, seguir llenando sus bolsillos. En esta ocasión repetirían el primero y el tercero, quedando Alex Ross solamente como portadista.
Hace unos pocos meses Norma editorial editó en un solo volumen, con toda clase de lujo, la primera serie. Ahora nos llega el segundo volumen, con el mismo cuidado en su edición.
Astro City significó una bocanada de aire fresco dentro de un género que acabada la década de los ochenta comenzó una caída en picado a los infiernos de la baja calidad y la falta de originalidad. Busiek inauguraba –la tendencia ya se podía observar también en otros autores- un estilo narrativo que envolvía a los superhéroes con aura de mayor realismo, construyendo historias más coetáneas y costumbristas, quedando a un lado el “todo vale” para un superhéroe.

El irregular Brian Michael Bendis –con muy pocos aciertos en su carrera, pero obras que dieron muy bien en la diana- y el muy mediocre Brian Reed recuperan el personaje nacido a finales de los años 70 Spiderwoman, que más tarde terminaría trabajando como la detective Drew.
Al dúo literario se suma en el dibujo los hermanos Luna, aportando un gráfico de muy poca calidad, demasiado estático, mal narrado y con un abuso en exceso de las técnicas informáticas.
Con la intención de contar algo que no se hubiera contado del personaje, los autores se han centrado en su origen, que ciertamente nunca se había tratado con seriedad. La razón de no relatar los inicios de Spiderwoman, sencillamente pudiera ser que carecían de interés. Después de lo leído descubrimos que los autores han sido incapaces de mostrar un origen que fuera mínimamente relevante, y ahora entendemos porque sus autores originales no pusieron ningún empeño en mostrarlo.